jueves, abril 05, 2007

EL CASAMIENTO


EL CASAMIENTO
Pieza en I acto
ANTÓN CHÉJOV




PERSONAJES
EVDOKIM ZAJÁROVICH TACÁÑOV, empleado de gobierno jubilado, con la categoría de auxiliar principal.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA, SU mujer.
DÁSHEÑKA, hija de ambos.
EPAMINOND MAXÍMOVICH APLÓMOV, novio de Dásheñka.
FEÓDOR IÁKOVLEVICH RUGÍDOV-GUARDÁIEV, capitán de navío retirado.
ANDRÉI ANDRÉIEVICH LLORIQUÉIEV, agente de una compañía de seguros.
ANNA MARTÍNOVNA VÍBOROVA, partera, de treinta años de edad. Viste de rojo intenso.
IVÁN MIJÁILOVICH LÉTROV, telegrafista.
JARLAMPI SPIRIDÓNOVICN DYMBA, griego, pastelero.
DMITRI STIEPÁNOVICH SÉSOV, marinero mercante.
PADRINOS, JÓVENES, CAMAREROS, ETC.

La acción en una sala reservada de un restaurante de medio pelo.
Sala intensamente alumbrada. Mesa grande, dispuesta para la cena. Varios camareros, vestidos de frac, hacen los últimos preparativos. Detrás del escenario la orquesta termina de tocar la última figura de una cuadrilla.
VÍBOROVA, LÉTROV y uno de los PADRINOS
pasan por el escenario
VÍBOROVA: ¡No, no y no!
LÉTROV: ¡Tenga compasión, tenga compasión! VÍBOROVA: ¡No, no y no!
EL PADRINO: (Corriendo detrás de ellos.) ¡Señores, eso no puede ser! Pero, ¿adónde van ustedes? ¿Y el grand-rond? Grandrond, s'il vous plait! (Salen.)
Entran NASTASIA TIMOFÉIEVNA y APLÓMOV
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: En lugar de inquietarme con esas palabras suyas, mejor sería que se fuera a bailar.
APLÓMOV: ¿Y quién se cree que soy yo? ¿Un... Spinoza, o qué sé yo qué, para andar dibujando ochos con los pies? No, yo soy un hombre positivo, de carácter y no veo nada de divertido en los placeres inútiles. Pero ahora no se trata de bailes. Perdóneme, maman, pero hay muchas cosas en conducta que yo no comprendo. Por ejemplo: aparte de los objetos de utilidad doméstica, usted había prometido entregarme, como parte de la dote de su hija, dos títulos de capitalización. ¿Dónde están?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Estoy empezando a sentir como un dolor de cabeza... Seguramente se avecina tiempo malo... Será por el deshielo.
APLÓMOV: No, no, no se me escape por la tangente... Hoy he sabido que sus títulos están empeñados... Perdóneme, maman, pero así proceden sólo los explotadores. No lo digo por "egoisticismo"... No necesito sus títulos... sino por principio, y sepa que yo no me dejaré chasquear por nadie. He honrado a su hija y si usted no me entrega hoy mismo los títulos, me comeré a su hija con manteca. ¡Soy un noble!
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: (Examinando la mesa y calculando los cubiertos.) Uno... dos... tres... cuatro... cinco...
UN CAMARERO: El cocinero pregunta cómo quiere usted que sirvan el helado: con ron, con madeira, o sin nada.
APLÓMOV: Con ron. Además, dile al patrón que el vino no es bastante. Dile también que ponga más Sauternes. (A Nastasia Timoféievna.) Además, usted me prometió, y esto era lo convenido, que esta noche, para la cena, habría un general. ¿Y dónde está, se le pregunta?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Eso no es culpa mía, hijo. APLÓMOV: ¿Y de quién, entonces?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Andréi Andréievich tiene la culpa... Ayer estuvo y prometió traer a un general completamente auténtico. (Suspira.) Seguramente no lo ha encontrado por ninguna parte; si no, lo hubiera traído... ¿Acaso nosotros nos fijamos en gastos? Tratándose de nuestra hija no reparamos en nada. ¿Un general? ¡Venga un general!...
APLÓMOV: Pero hay más aún... Todo el mundo sabe, inclusive usted misma, maman, que a Dásheñka, antes de que yo pidiera su mano, le hacía la corte ese telegrafista Létrov. ¿Por qué entonces lo ha invitado usted? ¿No sabe que me es desagradable?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¡Oh!... ¿cómo te llamabas?... ah, Epaminond Maxímovich... no hace un día siquiera que estás casado y ya nos has deshecho, a mí y a Dásheñka, con tus conversaciones. ¡Cómo será dentro de un año! ¡Qué aburrido eres, ay, qué aburrido!
APLÓMOV: ¿No le gusta oír la verdad? ¡Ajá! Bueno, entonces proceda noblemente. Yo exijo de usted una sola cosa: ¡que sea noble!
De una puerta a la otra, cruzando la sala, pasan las parejas bailando el "grand-rond". La primera pareja está formada por el padrino y Dásheñka y la última por Létrov y Víborova. Estos se detienen y se quedan en la sala. Tacáñov y Dymba entran y se dirigen hacia la mesa.
EL PADRINO: (Gritando.) ¡Promenade! ¡Messieurs, promenade! (Ya fuera del escenario.) ¡Promenade! (Las parejas salen.)
LÉTROV: (A Víborova.) ¡Tenga compasión! ¡Tenga compasión, encantadora Anna Martínovna!
VÍBOROVA: Pero, ¡cómo es usted!... Ya le he dicho que hoy mi voz no está del todo bien.
LÉTROV: ¡Se lo suplico... cante! ¡Cante una sola nota! ¡Tenga compasión! ¡Una sola nota!
VÍBOROVA: Estoy harta de usted... (Se sienta y se abanica.)
LÉTROV: No, usted es sencillamente despiadada. ¡Una criatura tan despiadada, permítame expresárselo, y una voz tan maravillosa, tan maravillosa! Con semejante voz, perdóneme la expresión, no tendría que dedicarse a partera, sino a dar conciertos en las reuniones pública . Por ejemplo, ¡cuán divinamente le sale esta fioritura... esta... (Entona.) "La quiero, el amor todavía en vano..." ¡Maravilloso!
VÍBOROVA: (Entona.) "La quiero, el amor quizás..." ¿Es esto?
LÉTROV: ¡Esto mismo! ¡Maravilloso!
VÍBOROVA: No, hoy mi voz no está del todo bien. Torne. (Le tira el abanico.) Abaníqueme... Hace calor. (A Aplómov.) Eparninond Maxímovich, ¿por qué está melancólico? ¿Es lógico eso en un novio? ¿No le da vergüenza, hombre malo? ¿En qué piensa?
APLÓMOV: El casamiento es un paso serio. Hay que estudiarlo todo, desde todos los ángulos, detalladamente.
VÍBOROVA: ¡Qué escépticos tan desagradables son todos ustedes! Me ahogo al lado suyo... ¡Déme atmósfera!... ¿Lo oye? ¡Déme atmósfera! (Canturrea.)
LÉTROV: ¡Qué maravilloso, qué maravilloso!
VÍBOROVA: ¡Abaníqueme, abaníqueme! Si no, me parece que me va a estallar el corazón. Dígame, por favor, ¿por qué me siento ahogada?
LÉTROV: Porque está sudando.
VÍBOROVA: ¡Uff, qué vulgar es usted! Eso no se dice
LÉTROV: Perdóneme... claro... está acostumbrada, valga la expresión, a una sociedad aristocrática.
VÍBOROVA: ¡Ah, déjeme en paz! ¡A mí déme poesía, entusiasmo! ¡Abaníqueme, abaníqueme!
TACÁÑOV: (A Dymba.) ¿Repetimos? (Sirve.) Beber está bien. Lo principal es actuar, Jarlampi Spiridónich. No olvidarse de lo que se debe hacer. Beba, pero haga bien las cosas... Y en lo tocante a beber, ¿por qué no beber? Beber está bien... A su salud. (Beben.) Y tigres, ¿hay tigres en Grecia?
DYMBA: Hay. TACÁÑOV: ¿Y leones?
DYMBA: También hay leones. En Rusia es donde no hay nada; en Grecia hay de todo. Allí tengo mi padre y mi tío y mis hermanos, y aquí en cambio no hay nada.
TACÁÑOV: Hum... Y cachalotes, ¿hay cachalotes en Grecia?
DYMBA: Hay de todo.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: (A su marido.) ¿Y para qué comer y tomar así, porque sí? Ya es hora de que todos se sienten a la mesa. No hurgues la langosta con tu tenedor... Está puesta para el general. A lo mejor, todavía viene...
TACÁÑOV: Y langostas, ¿hay langostas en Grecia? DYMBA: Hay... Allá hay de todo.
TACÁÑOV: Hum... Y auxiliares principales, ¿hay?
VÍBOROVA: ¡Me imagino cómo será la atmósfera en Grecia!
TACÁÑOV: Y, seguramente, lo que habrá es muchos chanchullos. Porque los griegos son lo mismo que los armenios y los gitanos: te venden una mala esponja o un pez dorado y encima se esfuerzan por sacarte todo lo que puedan. ¿Repetimos?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Pero, ¿para qué repetir de este modo? Ya es hora de que todos se sienten a la mesa. Ya son las once pasadas...
TACÁÑOV: Ya que hay que sentarse, ¿por qué no sentarse? ¡Señores, lo ruego! ¡Tengan a bien! (Grita.) ¡A cenar! jóvenes!
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¡Queridos huéspedes, les ruego...! ¡Siéntense!
VÍBOROVA: ¡A mí, dénme poesía!... "Pero él, rebelde, busca la tormenta, como si en la tormenta hallara reposo..." ¿Dénme tormenta!
LÉTROV: (Para sí.) ¡Qué mujer más extra di aria! ¡Estoy enamorado! ¡Enamorado hasta las orejas!

Entra DÁSHEÑKA, Sésov, los padrinos, muchachos y muchachas y demás invitados. lodos se sientan ruidosamente a la mesa; pausa. La orquesta toca una marcha.
SÉSOV: (Se levanta.) ¡Señores, tengo que decir lo siguiente...! Tenemos preparados muchísimos brindis y discursos. No esperemos más y comencemos en seguida. Señores, propongo un brindis por los recién casados.
Música. Todos: "¡Hurra!" Chocan las copas.
SÉSOV: ¡Amargo!
TODOS: ¡Amargo! ¡Amargo! (Aplómov y Dásheñka se besan.)
LÉTROV: ¡Magnífico, magnifico! Señores, tengo que expresarme, y rendir mi tributo... puesto que este salón y la casa toda son maravillosos. ¡Maravilloso, magnífico! Pero, ¿saben ustedes qué es lo que hace falta para que esto sea un verdadero festín? ¡La luz eléctrica, perdóneseme la expresión! En todos los países existe ya la luz eléctrica, y sólo Rusia está atrasada.
TACÁÑOV: (Con aire de pensador.) ¡Electricidad!... ¡Hum!... Pues a mi entender, la luz eléctrica no es más que una matufia... Meten adentro un carboncito y se creen que van a engañar a alguien... ¡No, amigo mío! Puesto que estás para suministrarme luz, no me des un carboncito cualquiera, sino algo sustancial, algo extraordinario, que tenga de dónde agarrarse... ¡Dame fuego, ¿entiendes?, un fuego natural y no imaginario!
LÉTROV: Si usted viera cómo está compuesta una batería eléctrica, razonaría de otro modo.
TACÁÑOV: Ni quiero verla. ¡Matufia! Engañan a la gente sencilla, le exprimen hasta el último jugo... ¡Ya conocemos a esta clase de gente!... Y usted, señor joven, en vez de defender esas matufias, haría mejor bebiendo y sirviendo a los demás. ¡Sí, de veras!
APLÓMOV: Estoy completamente de acuerdo con usted, papá. ¿Para qué meterse ahora en conversaciones científicas? Yo, personalmente, no tengo nada contra las plásticas sobre los distintos descubrimientos en el sentido científico, pero cada cosa a su tiempo. (A Dásheñka.) ¿Y cuál es tu opinión, ma chére?
DÁSHEÑKA: Quieren demostrar su instrucción y siempre hablan de cosas incomprensibles.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Gracias a Dios hemos vivido toda nuestra vida sin instrucción y ya estamos casando a nuestra tercera hija con un buen hombre. Y si nosotros, a su parecer, le resultamos gente ignorante, entonces, ¿por qué nos frecuenta? Sería mejor que frecuentara a su gente culta.
LÉTROV: Yo, Nastasia Timoféievna, he respetado siempre a su familia, y si hablé del alumbrado eléctrico eso no quiere decir que lo haya hecho por orgullo. Mire, hasta puedo beber con ustedes... Siempre he deseado de todo corazón un buen novio para Daria Evdokímovna. En nuestros tiempos, Nastasia Timoféievna, es difícil casarse con un hombre bueno. Hoy día cada uno se esfuerza en casarse por interés, por dinero...
APLÓMOV: ¡Es una indirecta!
LÉTROV: (Asustado.) ¡No es ninguna indirecta!... No hablo e los aquí presentes... lo dije por decir... ¡Caramba, todo 1 mundo sabe que usted lo hizo por amor!... ¡La dote es insignificante!...
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¡No, no es insignificante! ¡Hable, señor mío, pero no de más! Aparte de mil rublos contantes y sonantes, le hemos dado a ella tres abrigos, una cama y todo el mobiliario. ¡Vé, encuéntrame en alguna parte una dote igual!
LÉTROV: No... no dije nada. El mobiliario en realidad es bueno y... los abrigos también, por supuesto. Pero dije porque ellos se habían ofendido, creyendo que estaba lanzando una indirecta.
NASTASIATIMOFÉIEVNA: Pues no las lance usted. Nosotros lo respetamos por sus padres, lo invitamos a la boda y usted va y nos sale con cosas. Pero, si sabía que Epaminond Maxímovich se casaba por interés, ¿por qué no lo dijo antes? (Con voz llorosa.) ;Y yo que: la alimenté y cuidé, que he cuidado a mi hijita mas que un diamante!
APLÓMOV:¿Así que usted le cree? ¡Gracias, muchas gracias! ¡Mucho le agradezco! (A Létrov.) Y a usted, señor Létrov, a pesar de que es conocido mío, no le permito hacer tales porquerías en casa ajena. ¡Sírvase mandarse mudar!
LÉTROV: ¿Cómo es eso?
APLÓMOV: ¡Ya quisiera usted ser un hombre tan honrado como yo! ¡En una palabra: fuera de aquí!
Música
LOS JÓVENES: (A Aplómov.) Pero, ¡déjalo! ¡Basta! ¡No vale la pena! ¡Siéntate!
LÉTROV: Yo no dije nada... Es que yo... Ni lo entiendo... Si es su gusto me iré... Pero antes devuélvame cinco rublos que me pidió prestados el año pasado para su chaleco de piqué, perdóneme la expresión... Beberé un poco más y me iré. Pero, antes, págueme la deuda.
LOS JÓVENES: ¡Ya está bien, ya está bien, basta! ¡No vale la pena pelear por semejantes pavadas!
EL PADRINO: (Grita.) Por los padres de la novia, Evdokim Zajárovich y Nastasia Timoféievna, salud!
Música. Todos: "¡Hurra!"
TACÁÑOV: (Conmovido, haciendo reverencias en todas direcciones.) ¡Gracias, queridos huéspedes! Mucho les agradezco por no habernos olvidado y por honrarnos con su presencia, por no despreciarnos... Y no vayan a creer que soy un pillo cualquiera, o que todo esto es, por mi parte, puro jarabe de pico... ¡Lo digo de todo corazón! ¡Desde la profundidad de mi alma! Tratándose de gente buena, no reparo en gastos. ¡Les agradezco humildemente! (Se besa con los invitados.)
DASHEÑKA: (A su madre.) Pero, ¿por qué estás llorando, mamá? ¡Soy tan feliz!
APLÓMOV: Maman está emocionada a causa de la inminente separación, pero yo le aconsejaría que mejor se acordara de nuestra reciente conversación.
LÉTROV: ¡No llore, Nastasia Timoféievna! Mejor piense: ¿qué significan las lágrimas humanas? ¡Debilidad neurótica, nada más!
TACÁÑOV: Yen Grecia, ¿hay hongos?
DYMBA: Hay. Allá hay de todo.
TACÁÑOV: Pero es seguro que allá no hay hongos agáricos. DYMBA: ¡También hay agáricos! ¡Hay de todo!
SÉSOV: Jarlampi Spiridónovich, ahora le toca a usted pronunciar su discurso. ¡Señores, háganlo hablar!
TODOS: (A Dymba.) ¡Un discurso! ¡Un discurso! ¡Es su turno! DYMBA: ¿Por qué? No comprendo... ¿Qué pasa?
VIBOROVA: ¡No, no! ¡No puede negarse! ¡Es su turno! ¡Levántese!
DYMBA: (Se levanta, confuso.) Yo puedo hablar de esto... De cómo es Rusia y de cómo es Grecia. Ahora bien, hay gente en Rusia y la hay en Grecia... Y también, por el mar navegan los barcos y por la tierra pasan esos ferrocarriles. Lo comprendo bien... Nosotros somos griegos y ustedes son rusos... Y a mí no me hace falta nada... Puedo hablar de esto... De cómo es Rusia y de cómo es Grecia.
Entra LLORIQUÉIEV
LLORIQUÉIEV: ¡Esperen, señores! ¡No coman! Nastasia Timoféievna, un minutito... ¿quiere venir? (Lleva aparte a Nastasia Timoféievna y le habla agitado.) Escúcheme... En seguida viene el general... ¡Por fin lo he encontrado!... ¡Estoy sencillamente agotado!... ¡Un general auténtico, representativo, anciano, de unos ochenta o a lo mejor noventa años!
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Pero, ¿cuándo viene?
LLORIQUÉIEV: En seguida. Me estará usted agradecida toda su vida. No es un general cualquiera, sino un bomboncito, ¡un Boulanger! ¡No de vulgar infantería, sino de la Armada! Por el grado, viene a ser Capitán de Navío, pero para ellos, los marinos, es lo mismo que General de Brigada, o entre los civiles, Consejero de Estado. Viene a ser lo mismo... ¡o todavía más!
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¿Y no me engañas, Andriúshenka? LLORIQUÉIEV: ¿Soy un pillo? Esté tranquila.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: (Suspirando.) No quisiera gastar en balde el dinero, Andriúshenka...
LLORIQUÉIEV: ¡Esté tranquila! Es más que un general... ¡es todo un cuadro! (Levantando la voz para que le oigan.) Y yo le dije: "¡Nos tiene completamente olvidados, Su Excelencia! ¡Eso de olvidar a los viejos amigos no está bien, Su Excelencia! Nastasia Timoféievna -le dije- se queja mucho de usted!" (Va hacia la mesa y se sienta.) Y él me dice: "¡Pero, amigo mío, cómo voy a ir si no conozco al novio!" "¡Vaya, Su Excelencia, qué ceremonias son ésas! ¡El novio -le digo- es un hombre magnífico! ¡Un alma abierta! ¡Trabaja -le digo-de tasador en el Banco de Préstamos! Pero no crea usted, Su Excelencia, que es un cualquiera, o un malhechor. En el Banco de Préstamos -le digo- hoy en día trabajan hasta las damas de la nobleza." Me palmeó en el hombro, fumamos un cigarro habano cada uno y ahora viene para aquí... ¡Esperen, señores, no coman!
APLÓMOV: ¿Cuándo viene?
LLORIQUÉIEV: En seguida. Cuando salí de su casa ya se estaba poniendo los chanclos. Esperen, señores, no coman.
APLÓMOV: Entonces hay que ordenar que toquen la marcha...
LLORIQUÉIEV: (Grita.) ¡Músicos! ¡Una marcha!
La orquesta toca una marcha durante un rato CAMARERO: (Anuncia.) ¡El señor Rugídov-Guardáiev!
TAGÁÑOV, NASTASIA TIMOFÉIEVNA y LLORIQUÉIEV corren a su encuentro. Entra RUGÍDOV-GUARDÁIEV
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: (Saluda con una reverenda.) ¡Sea bienvenido, Su Excelencia! ¡Encantado!
RUGÍDOV: Muy agradecido.
TACÁÑOV: Nosotros, Su Excelencia, no somos eminentes ni de alta posición, sino gente sencilla; pero no vaya a creer que hay algún engaño de nuestra parte. Para la gente buena siempre reservamos el mejor lugar y no reparamos en gastos. ¡Sea bienvenido!
RUGÍDOV: Me alegro mucho.
LLORIQUÉIEV: Permítame que lo presente. Su Excelencia, el recién casado, Epaminond Maxímovich Aplómov, y su recién nacida... es decir, su recién casada, su esposa. Iván Mijáilovich Létrov, empleado de telégrafo. El extranjero de origen griego, pastelero Jarlampi Spiridónovich Dymba. Osip Lukich Babelmandébski, etc., etc., etc..... Todos los demás no tienen importancia. ¡Siéntese, Su Excelencia!
RUGÍDOV: Me alegro mucho. Perdónenme, señores, quisiera cambiar dos palabras con Andriusha. (Se aparta con Lloriquéiev.) Me siento un poco incómodo, mi amigo... ¿Por qué me titulas "Su Excelencia"? ¡Yo no soy general! Un capitán de navío es aún menos que un coronel de ejército...
LLORIQUÉIEV: (Le habla al oído, como a los sordos.) ¡Lo sé, Feódor Iákovlevich; pero sea bueno, permítanos llamarlo Excelencia! Usted sabe, esta familia es muy patriarcal, respeta a los mayores. Les gustan los ritos jerárquicos...
RUGÍDOV: Bueno, si es así, entonces, claro... (Yendo hacia la mesa.) Encantado.
NASTASIATIMOFÉIEVNA: ¡Siéntese, Su Excelencia! Háganos el favor... ¿Gusta comer, Su Excelencia? Pero, eso sí, perdónenos, allá en su casa usted está acostumbrado a modales delicados, mientras que entre nosotros todo es sencillo.
RUGÍDOV: (Que no ha oído bien.) ¿Cómo? ¿Qué? ¡Hum! Sí, sí... (Pausa.) Sí. En los tiempos pasados la gente vivía sencillamente y estaba contenta. Mi rango es elevado en el servicio y, sin embargo, vivo con sencillez. Hoy vino a mi casa Andriusha y me invitó a venir aquí, al casamiento. "Pero, ¿cómo, le dije, cómo voy a ir si no los conozco? ¡Es incómodo!" Y él me dice: "Son gente sencilla, patriarcal... ¡Se alegran por cada huésped!" Pues claro, si es así... ¿por qué no? Me alegro mucho... Me aburro solo en casa y si mi presencia en el casamiento puede ser motivo de agrado para alguien, entonces -digo-, con todo gusto.
TACÁÑOV: Esto quiere decir, Su Excelencia, que usted lo ha hecho de puro bueno... ¡Eso me inspira respeto! Yo también soy hombre sencillo, sin pillería alguna y respeto a la gente bondadosa. Sírvase, Su Excelencia...
APLÓMOV: ¿Hace mucho tiempo, Su Excelencia, que está usted retirado?
RUGÍDOV: ¿Eh? Sí, sí, así es... Es cierto... Sí, sí. Pero, permítanme, ¿cómo es eso? Los arenques están amargos... y el pan también está amargo... Imposible comerlos...
TODOS: ¡Amargo! ¡Amargo!
APLÓMOV y DÁSHEÑKA se besan
RUGÍDOV: (Se ríe.) Je, je, je, je... ¡A su salud! (Pausa.) Sí... En los tiempos pasados todo era sencillo y todos estaban contentos... Me gusta la sencillez, ... Es que ya soy viejo, me retiré en el año 1865... Tengo 72 años... ¡Sí! Sí, claro, en aquellos tiempos también a la gente le gustaba la pompa... Pero... (Al ver a Sésov.) ¿Usted... cómo dice... usted es marinero?
SÉSOV: Sí, señor.
RUGÍDOV: Ajá... Así es... Sí... El servicio en la marina siempre ha sido difícil... Hay bastante en qué pensar y romperse la cabeza... Cada palabra, por insignificante que sea, tiene, para decirlo así, su propio sentido... Por ejemplo: "Los marineros de cofa que suban a las jarcias, al mayor y al trinquete." ¿Qué significa eso? ¡El marinero lo entiende, je, je, je! Todo es finura, como en las mismas matemáticas...
LLORIQUÉIEV: ¡A la salud de Su Excelencia, Feódor Iákovlevich Rugídov-Guardáiev!
Música. Todos: "¡Hurra!"
LÉTROV: Usted, Excelencia, acaba de expresarse sobre las dificultades del servicio en la marina. ¿Y acaso el del telegrafista es más fácil? Hoy en día, Su Excelencia, nadie puede entrar en el servicio telegráfico, sin saber leer y escribir en francés y en alemán. Pero lo más difícil entre nosotros es la transmisión de los telegramas. ¡Terriblemente difícil! Sírvase escuchar. (Golpea con el tenedor sobre la mesa, imitando señales telegráficas.)
RUGÍDOV: ¿Y qué significa eso?
LÉTROV: Esto significa: "Su Excelencia, yo lo respeto por sus virtudes." ¿Le parece fácil? Y aún más. (Golpea.)
RUGÍDOV: Más fuerte... No oigo...
LÉTROV: Y esto significa: "Qué feliz me siento, Madame, de tenerla entre mis brazos!"
RUGÍDOV: ¿Y a qué madame se refiere usted?... Sí... (A Sésov.) Y cuando vamos con el viento franco hay que desplegar las alas y las rastreras. Entonces es preciso dar la siguiente voz de mando: "La gente que va a desplegar las gavias altas, ¡al mástil!" Y en el momento en que los marineros de las vergas izan las velas: "¡Bracear! ¡Tesar las escotas!"...
PADRINO: (Se levanta.) ¡Respetables señoras y respetables señ...!
RUGÍDOV: (Interrumpiéndolo.) Sí, sí... hay muchas voces de mando distintas... Sí... "¡Arriba los apagapenoles y tesa los amantes!" ¿Es lindo, eh? Pero, ¿qué significa esto, qué sentido tiene? Muy sencillo. ¡Y allá van todos juntos...! Y mientras tanto amarran las brazas y las drizas a sus caballeros. LLORIQUÉIEV: (A Rugídov.) Féodor Iákovlevich, la señora le ruega conversar sobre otras cosas. Para los huéspedes esto es incomprensible... y aburrido.
RUGÍDOV: ¿Qué? ¿Quién se aburre? (A Sésov.) Joven: cuando la nave está escorada a estribor con todo el paño arriba, ¿qué hay que hacer para adrizarla? ¿Qué voz de mando hay que dar? Es necesario proceder así: dar con el silbato la orden de "todo el mundo arriba" y decir: "¡Caer a sotavento!" je, je, je!...
LLORIQUÉIEV: ¡Féodor Iákovlevich, basta! ¡Coma!
RUGÍDOV: Y cuando todos han subido hay que dar la voz: "¡Todo el mundo a sus puestos!" y "¡Caer a sotavento!" ¡Eso es vida! Das las órdenes y miras a los marineros que, como relámpagos, corren cada uno a su puesto y atan los cabos. No te puedes contener más y gritas: "¡Bravo, muchachos!" (Carraspea y tose.)
PADRINO: (Se apresura a aprovechar la tregua.) En este día, para decirlo así, en este día en que nos reunimos todos en un montón para agasajar a nuestro querido...
RUGÍDOV: (Interrumpiendo.) Sí, sí... ¡Y todo esto hay que saber entenderlo! Por ejemplo: "Fila escota de barlovento, caza a sotavento!"...
PADRINO: (Ofendido.) Pero, ¿por qué me interrumpe? De este modo no vamos a poder pronunciar un solo discurso.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Somos gente oscura, Su Excelencia; de todo esto no entendemos nada... Sería mejor que nos contara algo sobre...
RUGÍDOV: (Sin oírla bien.) Gracias, ya he comido. ¿Usted se refiere al ganso? Gracias... Sí... Recordar lo pasado... Es agradable, joven... Navegas por el mar y te olvidas de lo que es la pena y... (Con voz temblorosa.) ¿Se acuerda usted de ese entusiasmo al adrizar el barco escorado? ¡Qué marino no se enciende de fuego al acordarse de esta maniobra! Porque, sabe usted, cuando resuena la voz de mando: "¡Todos a las jarcias! ¡Virar por avante!", parece que una chispa eléctrica pasara por todos, desde el capitán hasta el último grumete. Todos despiertan.
VÍBOROVA: ¡Qué aburrido, qué aburrido! (Rumores de descontento.)
RUGÍDOV: (Sin oír bien.) Gracias, ya comí. (Entusiasmado.) Todos están listos y pendientes de las órdenes del segundo. Se cumple todo al instante... "¡Suelta las cotas! ¡Vira!" (Se levanta.) La nave se enfacha y por fin cae a sotavento. Las velas comienzan a gualdrapear. El contramaestre, los de las brazas: "¡A no dormirse!" Y él mismo, fija la mirada en los toques, da la orden: "¡Acuartela trinquetilla! ¡Vamos! Ya debiera estar hecho!" Y en ese momento todo vuela, cruje y es una batahola infernal. Se cumple sin fallas. ¡La virada resultó bien!
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: (Con rabia.) ¡General, y miren el bochinche que arma!... ¡Y no le da vergüenza, a su edad!
RUGÍDOV: ¿Albóndigas? No, no comí... gracias...
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¡Le digo si no le da vergüenza hacer eso a su edad! ¡General y armando bochinche!
LLORIQUÉIEV: (Turbado.) Pero, ¿qué es eso?
RUGÍDOV: En primer término, no soy general, sino capitán de navío, lo que de acuerdo con el estatuto de graduación corresponde a teniente coronel.
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Y si no es general, entonces, ¿por qué ha cobrado el dinero? ¡Y además no le hemos pagado para que arme bochinche!
RUGÍDOV: (Sin entender.) ¿Qué dinero?
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: ¡Ya sabe qué dinero! ¡Como si no hubiera cobrado sus buenos veinticinco rublos por intermedio de Andréi Andréievich...! (A Lloriquéiev.) Y de parte tuya, Andriúshenka, ¡es un pecado! ¡No te he pedido que conchabaras un tipo así!
LLORIQUÉIEV: ¡Pero, pero, no hable así! ¡No hay por qué!
RUGÍDOV: ¿Conchabaron? ¿Pagaron? ¿Qué es eso?
APLÓMOV: ¡Permítanme, sin embargo...! ¿Ha recibido o no veinticinco rublos de manos de Andréi Andréievich?
RUGÍDOV: ¿Qué veinticinco rublos? (Comprendiendo de pronto.) ¡Ajá! Ahora lo entiendo todo... ¡Qué asco, qué porquería!
APLÓMOV: ¡Pero usted ha recibido el dinero!...
RUGÍDOV: ¡No he recibido ningún dinero! ¡Fuera! (Se levantade la mesa.) ¡Qué asco! ¡Qué bajeza! ¡Ofender en esta forma a un anciano, a un marino, a un oficial de jerarquía!... Si se tratara de gente decente podría retar a alguien a duelo, pero así, ¿qué puedo hacer? (Como perdido.) ¿Dónde está la puerta? ¿Por dónde puedo salir? ¡Camarero, ayúdame a salir! (Inicia el mutis.) ¡Qué bajeza! ¿Qué asco! (Sale.)
NASTASIA TIMOFÉIEVNA: Andriúshenka, ¿dónde están los veinticinco rublos?
LLORIQUÉIEV: ¿Vale la pena hablar de tales pequeñeces? ¡Vaya qué cosa importante! ¡Todo el mundo alegre y usted hablando de esas cosas!... (Grita.) ¡A la salud de los recién casados! ¡Músicos, una marcha! ¡Músicos!
La orquesta toca una marcha LLORIQUÉIEV: ¡A la salud de los recién casados!
VíBOROVA: Me sofoco... ¡Déme, déme atmósfera! ¡Me ahogo a su lado!
LÉTROV: (Entusiasmado.) ¡Divina, divina! Bullicio general
PADRINO: (Tratando de ahogar las voces.) Respetables señoras y respetables señores: En este día, por decirlo así, en este día...
TELÓN

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